El rincón de lila

De omnibus dubitandum

(Ilustración realizada por 초록담쟁이 greenivy76)

Que niña tan fea, tan fea, con los ojos escarlata perdidos en hidra, dibujando sobre las nubes formas de mariposas monarcas y profetizando huidas agendadas en el calendario.

Muda sobre las espinas de los rosales, sonriendo y desangrándose, con el pelo cortito casi al nivel de la quijada, escuchando noche a noche a los grillos rechinar por las rendijas de las ventanas, malditos grillos, maldita muchacha.

Cantando poesía impregnada en cartulinas baratas, la boca sabor sal, los pies ligeros, la risa eufórica, cariño entregado en dibujos de formas redondeadas, consignas pequeñitas de esperanza, terrible niña, porque ama. 

Ordenando libros sobre la estantería, contando cuentos en la terraza, roce de pestañas, piel, abrazo pactado, confianza terca, infundada, embaucada.


Triste niña, fea y abandonada.


허씨초코_illustrator . Heo jiseon on Instagram: “벽을 쌓고 부수고의 반복... My new illustration uploaded, now-> profile link👈 #illustration #일러스트 #drawing #드로잉 #art #그림 #낙서 #감정 #감성 #공감 #몽상 #허씨초코…”

(Ilustración realizada por Heo Jiseon)


Recuerdo que amanecía a las cinco de la tarde, que el polvo se alzaba furioso, bailando entre las rejas azules. Mis mejillas eran claras y siempre llevaba una figura de plastilina guardada en el bolsillo. Tenía catorce años y la vida hecha pesadillas. En los recreos me subía a las ramas de un árbol de ovos, leía porque no sabía vivir. El pasillo de cemento que se extendía frente a mi, se me antojaba largo, tan largo, no tenía ni idea, ni confianza alguna en si iba a poder atravesarlo. Mi pelo largo, encrespado tapaba la mitad de mi rostro; tarareaba canciones en idiomas desconocidos y miraba ensimismada por la ventana del autobús. Suponía que, pasaría, que algún día no tendría que transitar ciega el camino hacia los recuerdos pasados; ruta remitida al infierno. Y negaba, negaba en las esquinas, susurrando en labios apretados que no había razón alguna por la cual los brazos abiertos me escocían. 

El reflejo mate del espejo de mi habitación, me mentía dulce, sobre cómo las estrellas me hacían compañía, quedaban promesas por cumplirse en millas de distancia, que no era tan malo, tan mala. Oh, que mis relatos de cuentos de fantasía podían cumplirse, aún enmedio de mis reiterados intentos de morir, que era lo suficientemente valiente para salvarme de las heridas proféticas. 

Rememoro las sonrisas hechas en papel, las canciones de pop rock que sonaban en la radio, la humedad del huerto que plantamos para ciencias naturales, las serpientes de ojos de cristal y las nanas de cuna ahogadas en ataques de bulimia a las tres de la mañana.



He sido fuerte, tan fuerte, y estoy cansada, tan cansada.

Que alguien me robe la calidez que me late rabiosa en la piel de una vez por todas, porque quiero renunciar, 


Fracasar rotundamente.


harumi hironaka sensual sad illustrations
(Ilustración realizada por Harumi Hironaka)

Sucede que un día tuve veintitrés y me encontraba divagando en la mirada perdida, que tenía sabor a vino y a bilis. Lo que había descubierto en el llanto de recién nacida adquiría un gusto parecido: agridulce.


Me mecía de izquierda a derecha, abrazada a un jean tiro alto mientras la cerámica fría y gris evocaba la redención a una culpa incierta y necia: movida por consignas dulces, escupidas en aura de pasado. Y la palabra “puta”, las marcas sobre el mentón, los ojos opacos y el forcejeo mudo se mezclaban en palabritas elaboradas en flores de papel periódico. El monstruo a contraluz me observaba escueto desde las rendijas claras fuera de la puerta del baño, había permanecido cerca-más cerca de lo que las promesas edulcoradas me permitieron tener en cuenta-durante nueve años.


Ah, es cierto, en nombre del amor “todo se puede”, la lealtad es estandarte de lo absoluto y las necesidades afectivas y egoístas adquieren consistencia dogmática. Ciega y estúpida la pretensión de excluir la duda, el error y el fracaso de tremenda intención-pleitesía-anhelo. Día a día, segundo a segundo había encontrado formas de morir y él-el monstruo-maneras de matarme.


Esa noche, en la botella vacía, con los labios desollados y los sollozos ahogados en nausea me di cuenta de que tenía veintitrés solo porque mis pupilas almendradas habían quemado la sombra de una niña de cerquillo irregular, soledad anunciada y cuerpo moreteado, que tenía tan solo cuatro.


Admito, probablemente, aquel enero once, su espíritu reposaba roto, pero la rabia le ardía en la boca y la determinación en las palmas abiertas:

Se acabó, para siempre, punto final.

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Todavía siento que la lluvia me quema en la piel y que mi aliento acelerado se pierde en la humedad de la noche. Cuento reproches con los dedos de las manos y me doy cuenta de que es inútil, que el regusto amargo de café negro sin azúcar es capaz de resumir lo innecesario del remordimiento. Mis anhelos de niña parecen no tener cabida en mis veintitrés años, he crecido y he cambiado. Cuanto ha dolido; no sé que milagro me ha permitido soportarlo.

Me refiero a ese dolor necio enredado en mis entrañas, a esa tristeza incontenible marcada a fuego en los trazos que definen las curvas tercas de mi cuerpo. A los sueños etéreos cobijados en premisas de placebo.

Que fracaso, pero que lejos, que bien se siente.

No quiero esas consignas si se resumen en vómitos puntuales sabor a vino, cuando el reloj marca las cuatro o las diez de la mañana. Si eso implica que debo ahogarme en llanto sobre las baldosas grises del baño o perder la mirada nublada en los trazos de la puerta de madera. No las necesito si me traen recuerdos de noches sin luna, me rehúso a mantenerlas si me conducen a escenarios en los que reina la desolación más absoluta.

Estoy muy lejos de ser perfecta; pero no lo merezco, nunca fue así. Los trazos de sal que me han dibujado los pómulos están muy lejos de encontrar razones. Así que, es hora de envolver toda su negligencia y errores en papel de regalo color escarlata, dejar que lo devoren roedores en chasquidos de puro sin sentido.

Yo me desentiendo, me despido, y;

Pueden-deben- arder esos retazos de papel y sus relatos escritos en hiel, en lo más profundo del infierno, junto con mis buenas intenciones, mis memorias anhelantes, todos mis intentos, junto a mis sueños de pelada necia, terca y demandante.

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Estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Existo porque leo, escribo y me rebelo.

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