El rincón de lila

De omnibus dubitandum

허씨초코_illustrator . Heo jiseon on Instagram: “벽을 쌓고 부수고의 반복... My new illustration uploaded, now-> profile link👈 #illustration #일러스트 #drawing #드로잉 #art #그림 #낙서 #감정 #감성 #공감 #몽상 #허씨초코…”

(Ilustración realizada por Heo Jiseon)


Recuerdo que amanecía a las cinco de la tarde, que el polvo se alzaba furioso, bailando entre las rejas azules. Mis mejillas eran claras y siempre llevaba una figura de plastilina guardada en el bolsillo. Tenía catorce años y la vida hecha pesadillas. En los recreos me subía a las ramas de un árbol de ovos, leía porque no sabía vivir. El pasillo de cemento que se extendía frente a mi, se me antojaba largo, tan largo, no tenía ni idea, ni confianza alguna en si iba a poder atravesarlo. Mi pelo largo, encrespado tapaba la mitad de mi rostro; tarareaba canciones en idiomas desconocidos y miraba ensimismada por la ventana del autobús. Suponía que, pasaría, que algún día no tendría que transitar ciega el camino hacia los recuerdos pasados; ruta remitida al infierno. Y negaba, negaba en las esquinas, susurrando en labios apretados que no había razón alguna por la cual los brazos abiertos me escocían. 

El reflejo mate del espejo de mi habitación, me mentía dulce, sobre cómo las estrellas me hacían compañía, quedaban promesas por cumplirse en millas de distancia, que no era tan malo, tan mala. Oh, que mis relatos de cuentos de fantasía podían cumplirse, aún enmedio de mis reiterados intentos de morir, que era lo suficientemente valiente para salvarme de las heridas proféticas. 

Rememoro las sonrisas hechas en papel, las canciones de pop rock que sonaban en la radio, la humedad del huerto que plantamos para ciencias naturales, las serpientes de ojos de cristal y las nanas de cuna ahogadas en ataques de bulimia a las tres de la mañana.



He sido fuerte, tan fuerte, y estoy cansada, tan cansada.

Que alguien me robe la calidez que me late rabiosa en la piel de una vez por todas, porque quiero renunciar, 


Fracasar rotundamente.





El viento sopla amable, mis hombros agradecen la caricia del sol, la calma reina mientras camino hacia la terraza de baldosas amarillas. La casa por la cual se deslizan mis pasos luce reconfortante, la sal y el jazmín trepan por los poros de mi piel y bailan entre mis cabellos. La puerta de madera cede, sin que tenga que insistir, el tacto áspero de mi cuaderno de bosquejos se desliza entre mis dedos, mientras una gota de sudor resbala por el lápiz de carboncillo.

La muchacha me mira, sus ojos almendrados resaltan frente al halo de luz verde agua que la contiene. Continúan siendo claros y hermosos como antaño, aunque lucen opacos me convencen de iniciar los trazos afinando las formas infantiles y redondas que antes los caracterizaban. Ni siquiera intentará convencerme, está harta de mentir. Hace tiempo que lo sé, que su brillo ha perecido como perecieron las estrellas que había nombrado y que una noche de invierno, sin previo aviso, como la vida misma, dejó de regar en su jardín.

El color naranja de sus mejillas no ha vuelto a florecer, ha perdido el amparo de la magia de las noches de verano. La luz que se arrullaba contenta en su tez tigreña se ha secado, se ha vuelto pálida, está cansada, se ha perdido en el camino tantas veces como lo indican sus cicatrices. La tonalidad gris del carboncillo lo anuncia con destreza; su llegada a la adultez.

Y sin embargo, en su cara redonda y de cachetes abundantes la observo atrapada, a la niña que se esconde en su semblante, se nota cuando sonríe, tan triste…no hay duda, la sigue extrañando. Mientras moldeo sus rizadas pestañas me parece escuchar su risa lejana, su carácter fuerte y su belleza malcarada. Ella, que me mira impasible no sabe abrirse, no puede confiar.

Su intransigencia ha comenzado a erguirse recta y fluida, ahogando las ondas de su cabello castaño claro, que ahora es tan negro como la caoba y tan denso como las sombras que tapan las puestas de sol en su corazón. Mis dedos se pasean en círculos sobre el papel mientras coloreo su traje de vestir…

Y sonrío con consciente nostalgia, la mujer que se ha sentado frente a mi hoy día para que logre retratarla se ha vestido con una camiseta verde oliva, donde el rostro gracioso de una jirafa se estampa haciendo conjunto con una falda jean y unas zapatillas de plataforma de espuma flex.


Como la última vez que nos encontramos en nuestras palabras amables; ella tenía nueve años y yo, yo tenía 23…

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Estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Existo porque leo, escribo y me rebelo.

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