El rincón de lila

De omnibus dubitandum

En una ocasión me escribiste sugiriendo que pensabas que el universo me había puesto en este lugar, por alguna razón, y que habías decidido confiar en mí, acto seguido me advertiste que no siempre habías sido una buena persona y me preguntaste si me importaba.

Las decisiones conscientes que abrieron nuestra conversación en paréntesis de incertidumbre, solo me hacen pensar en lo acogedora que es tu calidez, y en las tantísimas ganas de llorar que me produce. En lo mucho que he resignificado en tu mirada;

Lo que he crecido, y también lo que creo, de, en mí.


De junio del 2020


     

                                                                                                               (Ilustración realizada por 애뽈)

    Hoy es uno de esos días en los que no puedo pensar claramente, no he dormido, por eso mismo, debo escribir. He tenido mucho trabajo, me duele lo que tiene que dolerme, por cuanto haga falta, y la vida se me ha venido encima. Es este un escenario de los difíciles y he llorado bastante seguido estas madrugadas, la conclusión a la que me ha conducido el insomnio, sin embargo, es cuanto menos cálida, resisto tanto a creer lo que mis ojos no han visto, ni mi piel ha experimentado, que no voy, no puedo negar; me resulta extraño. He recorrido 365 días y he descubierto en mi mirada a una niña muerta de miedo, pero con ojos de luz, sonrisa escueta y piel abierta, esperando a ser tocada. Tomé una decisión difícil, difícil porque ni aun embelesada puedo ceder frente a lo otro, lo desconocido, lo irremediablemente doloroso, doloroso, dolor, mi vida ha estado tan llena de esto y apenas dimensiono; tu calidez ha sido un hilo de Ariadna.


Si, nuestra cercanía se traduce en convenciones asociadas a lo socialmente construido y aceptado como afectividad, para ser más concretos, afectividad sentimental, pero esta dimensión es apenas una pequeña pieza del repostero. Confieso que cuando estoy contigo mi piel vibra suavecita y tu espalda se siente en tacto de nube, calor de chimenea en los meses de navidad, de invierno. Me es fácil cerrar los ojos y anhelo siempre acariciarte, no pienso demasiado sobre estos impulsos, pero, sé, me alcanza para saber, que no me brotan de la nada, que hay en ellos una suerte de deseo consciente que trasciende la excitación torpe de los primeros días, días en los que no quería mirarte demasiado tiempo, por miedo a que notaras toda mi curiosidad e intriga.


 Llegaste despacio y con cuidado, siempre preguntando, un paso adelante de mi tosquedad, directo, breve, estructurado, estructuradísimo, pero tan paciente, amable y fuerte. Se sentía todo tan sencillo, en su puesto, en espacio propio... solo pude sentarme a tu lado y resignarme a querer estar cada día un poquito más cerca. Que bien se sintió tu tacto siempre, de verdad, nunca hubo miedo, supongo que esa debería ser la regla, no en mi vida por lo menos, tristemente. Tus dedos podían deslizarse por mi cabello, muñecas, espalda...recrearse en los pliegues de mi blusa, trazar el camino hacia mis pechos, darme tranquilidad, generar deseo, sugerir, avivar pura libertad. Por supuesto, a veces no sabía cómo ubicar las emociones y me quedaba extrañada observando tus facciones a contraluz. Más allá de lo físico, está el placer, que siempre me ha generado innumerables problemas, más allá del placer, está la confianza y luego, la calma. En mi método de observación científica, me ofreciste un resultado atípico y comencé a evaluar la veracidad de los epistemas. Volví al pupitre y no lo he abandonado.


Pero es que, no sólo he aprendido sobre los afectos, el acompañarse en pareja y todas sus implicaciones químicas. He aprendido, por causa natural, no porque haya motivos divinos, o en su defecto heliocéntricos, sobre la posibilidad de tomar decisiones diferentes, de vivir diferente. Amanecer en silencio y contemplar los átomos vacíos en color primavera. Y tal vez, tal vez por ahí está la respuesta, que no hay solo violencia, y que vale la pena tener fe y ser valiente, sobre todo, que puedo, que puedo permitirme tener fe y ser valiente...


Que lo merezco.





(imagen obtenida del blog de hintofvanilla)

Tengo los ojos perdidos en la estantería, reposando sobre los libros, descartando relatos, a manos temblorosas y sonrisas ciegas; no sé decidirme y no hay consigna que me convenza. Llevo atravesada la memoria de lunas llenas, suspiros pequeñitos, y tus manos acariciando la curva que lleva hasta a mis caderas, en sexo y en calma también, porque en tu piel hay placer, pero también sosiego, pura incertidumbre. Estoy muda, soy torpe y tengo mucho miedo, pero créeme, te quiero.

 

(Moonlight lady, René Gruau)

No quiero tiempo de reflexión, estoy harta de jornadas interminables que finalizan en despedidas. En siempre sucumbir a las marchas anunciadas, tengo el reclamo infantil atravesado en la garganta y no sé cómo lidiar con mis muchos miedos del pasado. Me siento sola, a la mitad, insatisfecha, como cuando niña. Solo que ahora en mis pupilas ya no hay esperanza, arde en fuego la angustia y no sé como hacer constructiva la rabia, he aprendido a hacerme cenizas, hábito adquirido bajo las sombras del cerezo que nunca ha florecido y estoy tan rica, llena de luz de luna, tengo la voz dulce y las manos suaves; puedo dar y ser tanto, pero no sé cómo.

(Ilustración realizada por 초록담쟁이 greenivy76)

Que niña tan fea, tan fea, con los ojos escarlata perdidos en hidra, dibujando sobre las nubes formas de mariposas monarcas y profetizando huidas agendadas en el calendario.

Muda sobre las espinas de los rosales, sonriendo y desangrándose, con el pelo cortito casi al nivel de la quijada, escuchando noche a noche a los grillos rechinar por las rendijas de las ventanas, malditos grillos, maldita muchacha.

Cantando poesía impregnada en cartulinas baratas, la boca sabor sal, los pies ligeros, la risa eufórica, cariño entregado en dibujos de formas redondeadas, consignas pequeñitas de esperanza, terrible niña, porque ama. 

Ordenando libros sobre la estantería, contando cuentos en la terraza, roce de pestañas, piel, abrazo pactado, confianza terca, infundada, embaucada.


Triste niña, fea y abandonada.


(Ilustración por Ouzo Kim)


La melancolía se escurre lenta sobre mi cuerpo, ondulada en las caderas, tengo los ojos fríos, fríos, acechando tras los matorrales piezas de caza y no me nace la compasión, que me importa si sufren; me han entregado el infierno, encerrado en la oscuridad, recreándose en mi dolor. La voracidad me arde en las entrañas, tengo hambre, tanta hambre. Bajo mi piel se desliza el monte seco, roído, no sé si soy bruja, víbora o pantera, insensible, fría, puta o frígida. Que truenen los huesos de las presas, se sofoquen sus chillidos en la luna llena, excusas, justificaciones, mandatos, súplicas…


Que desesperen, que mueran.



(La primavera, Sandro Botticelli, el caminar de Flora, detalles)

En mis ojos se enciende la sospecha y guardo en mi puño apretado los impulsos irremediables de salir corriendo. Se desperdigan en, sobre mi cuerpo, una calidez abrumadora, una tranquilidad que repta en forma de boa y los gritos se pasean por mi garganta, contenidos. Cuento del uno al diez con la vista sobre el firmamento y me pierdo en constelaciones de desconcierto. Indecible, libre, incierto, sin dádivas ni anhelos de por medio. 

Tersa sobre tus manos estructuradas, bajo tus sábanas, ahora, por ahora, solo quiero seguir gimiendo.


(El nacimiento de Venus, Sandro Botticelli; flores detalladas)


Once lunas, y once transmigraciones auspiciadas por los vaivenes comunes, tan típicos y usuales en las rutas que entretejen el fluir de mi existencia. Tal vez, Minerva se ha compadecido lo necesario de mí y he aprendido a temerle con suficiente insistencia a las pasiones que se regocijan en los espacios mudos de mis clavículas; donde reside Dionisos y en donde se recrean mis impulsos inevitables, mis errores, la vida y su espacio destinado al tormento y la felicidad. He dedicado todos mis esfuerzos en piel, carne y huesos crudos a lidiar con el vacío que se extiende hondo desde mis pupilas hasta el pecho, he mirado sin titubear muchas veces los ojos cristalinos de Tánatos y aunque he sufrido enormemente, no logro deshacerme de mi esencia venusiana, he aprendido a habitar en los silencios, en los trazos redondeados de las letras que se plasman en mis cuadernos, en las constelaciones del sur que son fuego y verano, en los ojos color ámbar, en las promesas de mejores mañanas, en donde para variar, no hay otros, ni nadies, en la inminente colisión entre Andrómeda y la Vía Láctea, en la emoción de aprender y en el delirio de que volveré, y si no, en el de que al menos, aún queda algo de mi, que no es demasiado tarde, que no me dejaré ser solo a medias.

Engendrada por caos, remitida a su simbolismo mitológico, que es origen de todo universo, no voy a permanecer eterna bajo la mirada severa de Marte, que más dará cuanto pierda, me pierda.


(Ilustración de PedroTapa)

Línea tosca sobre las curvas que unen el abdomen con las caderas, mirada distante y sonrisa escurridiza en la comisura de los labios. Ojos color almendra, piel áspera, labios desollados, dedos inquietos y susurros perdidos en el amanecer húmedo;

Grito atorado, poros abiertos, pupilas dilatadas; whisky, tequila, ron,


Y vida, muerte;


Retrato de embriaguez,

llanto, 

risa, 

euforia,

sufrimiento

tristeza, 

rabia, 

cinismo, 

locura;


Desnuda, fría, distante, 

sensual y cercana;

Hecha bruja, piel de lobo, 

desgarrada, una en mil, 

fragmentos y algarabía, 

negrura, agua helada, pesadez


Cruel y vulnerable, 

vaivén, soledad,

Espejismo terso y gemidos en verso,

Pura carne, hueso,


Cuerpo, solo cuerpo.


STILL ALIVE — Mars in Leo by kaiser-mony (Monique Munoz)
Monique Munoz

 

No sé qué, cómo, significar

Me resbala por la piel el calor y cierro los párpados fuerte;

Los dedos se deslizan por mi lengua, pálidos, y los muerdo;

Los gritos se me atraviesan en la garganta, no me contengo y las ganas de llorar me trepan por el abdomen,

Que el tiempo que no transcurre se extienda, prolongue;

Que el sin sentido, el sufrimiento y la miseria sigan siendo siempre tan leves como ahora,

Permanencia y paréntesis; reducida, tranquila, como una mota de polvo flotante, distante; 

En,

para;

la nada.


Annie Patterson Muscari and Frittilaria meleagris
(Annie Patterson Muscari and Frittilaria meleagris)

Hoy, tengo la mirada clara y las clavículas me tiemblan, he arrullado en ellas tantas penas, penas, sin certezas y estoy tan aterrada. Me reluce en la piel el anhelo de calma, la angustia, lo angustioso del porvenir. Me sugieren que seguir sufriendo es mi único destino, acierto y estoy tan desengañada, estoy tan harta de todo esto, me siento tan pequeña, novata, inútil, me persigue la idea de que nada ha cambiado;


Que seguiré estando tan sola como antaño, 

Que mi pelo crecerá siempre en primavera, 

Que me despedí para siempre en el enero de invierno,

Que no pararé de abrirme heridas en el cuerpo,

Que siempre tendré malos sueños,

Que siempre regresarán las pesadillas,

Que lloraré de rabia y contendré gritos de placer en mis pupilas ciegas y hundidas, 

Que estoy en un pozo, sin cuerda, 

el agua es helada, 

que han apagado la luz,


Y me desperezo escueta sobre las sábanas suaves de mi cama, con un manojo de lavanda en las manos y la sangre recorriéndome por el antebrazo, es tan extraña y suave esta calidez, 

Bosquejo de sol, casi parece que Andrómeda está lo suficientemente cerca, 

Que egoísta, que torpe, 

Me es prestada y hasta parece que me siento reacia a renunciar


Tanta muerte y tanto fracaso, para nada.


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Estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Existo porque leo, escribo y me rebelo.

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